Cuando utilizamos unidades PBM profesionales, en realidad estamos utilizando longitudes de onda específicas de luz para indicar a las células del tejido dental que dejen de estar bajo estrés y comiencen a repararse por sí mismas. Es una tecnología fantástica, pero aquí está el verdadero desafío: ¿cómo saber realmente si funciona? Es ahí donde entra en juego la termografía infrarroja. La utilizamos como si fueran nuestros ojos. Identificación de los “puntos calientes” La inflamación genera calor. Cuando las encías o los ligamentos se irritan, la sangre fluye hacia esa área, lo que la hace más caliente. Un sensor infrarrojo detecta esto al instante. En lugar de adivinar dónde está el problema más grave, podemos mapear las temperaturas. Al comparar la zona inflamada con el tejido sano circundante, obtenemos un punto de partida claro. Ya no hay necesidad de adivinar. No más “creo que esta área parece un poco roja”. Ahora tenemos datos concretos. ¿Funcionó realmente? El objetivo principal de PBM es reducir esa respuesta inflamatoria. Por eso, después de cada sesión, volvemos a realizar un escaneo. Si la temperatura de la superficie disminuye, sabemos que la inflamación está disminuyendo y que el flujo sanguíneo se está estabilizando. Es alentador ver ese cambio en la pantalla. Pero si el mapa no cambia, entonces sabemos que la dosis no es la adecuada o que la luz no llega lo suficientemente profundo. Podemos ajustar todo en ese momento. La parte complicada No es perfecto. Estos sensores son extremadamente sensibles. Un soplo de aire acondicionado o incluso la respiración del propio paciente pueden afectar las lecturas. Si la temperatura de la habitación varía mucho, los datos también lo harán. No basta con tomar una foto rápida y darlo por terminado; necesitamos un promedio estable para obtener información precisa. Al final, los sensores no son el tratamiento en sí, sino una herramienta de retroalimentación. Permiten transformar lo que dice el paciente (“me siento mejor”) en una disminución medible de la temperatura. Esto nos permite ajustar la intensidad en tiempo real, haciendo que todo el proceso sea mucho más preciso.